Los proyectos de coches autónomos, capaces de circular por sí mismos y sin necesidad de un conductor que lleve los mandos, cada vez son más comunes. Quizás uno de los más famosos es el proyecto de Google, por toda la atención mediática que ha generado su flota de Toyotas Prius autodirigidos. Pero muchas marcas de vehículos, como Audi o BMW, cuentan ya con proyectos muy avanzados en este campo, que podrían empezar a ver la luz en pocos meses.
Así pues, la sociedad ha asumido ya que, en unos años, será normal ver coches sin conductor circulando por las carreteras de todo el mundo. Lo que pocos imaginan es lo que el Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de Estados Unidos ha anunciado recientemente. Y es que, según esta institución, en el año 2040 el 75% delos coches serán autónomos.
Proyección del funcionamiento de los vehículos autónomos.
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Sin carné
Una de las consecuencias obvias de la proliferación de vehículos autónomos es que ya no será necesario ni sacarse ni renovar el carné de conducir; con comprarse un coche de los que se conducen solos, será suficiente. Al igual que no es necesario disponer de un permiso de conducción para viajar en taxi o en autobús, tampoco se podrá exigir a los "pasajeros" de los vehículos autónomos que estén en disposición de un carné de conducir.
Pero, tal y como vaticina el instituto norteamericano, habrá más cambios. Por ejemplo, cuando la gran mayoría de automóviles en circulación sean autónomos, dejarán de ser necesarias las señales de tráfico o los semáforos, ya que estos coches inteligentes serán capaces de autorregulares sin necesidad de este tipo de medidas.
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Más comunicación
Obviamente, para llegar a este cambio de paradigma y a unas carreteras sin señales ni semáforos, incluso sin límites de velocidad, será necesario establecer también canales de comunicación, tanto entre los propios vehículos (V2V), como entre el vehículo y la infraestructura viaria (V2I).
Aunque aún son muchos los retos por delante, el instituto norteamericano augura que la principal barrera para la implantación de este tipo de conducción no será la tecnología, sino la aceptación del público en general. Aunque los beneficios sean múltiples (mayor eficiencia energética, mejora en la seguridad vial, reducción de atascos, etc.), los expertos prevén cierta resistencia por parte de los conductores a la hora de ceder el mando.
