Un puesto de conducción peculiar

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El Abarth 500 es un utilitario poco espacioso, especialmente en las plazas traseras. La pronunciada caída del techo hace que atrás sólo se puedan sentar personas de estatura pequeña.

Muchos conductores necesitarán un tiempo para adaptarse al puesto de conducción del Abarth 500. La posición queda algo condicionada porque como el volante carece de regulación en profundidad, va muy cerca del salpicadero. Esto obliga al conductor a ir muy cerca de los pedales (y por lo tanto con las piernas muy flexionadas) si no quiere que el volante le quede demasiado lejos. Las personas de pequeña estatura, con las piernas cortas, quizá se encuentren más cómodas que las altas a los mandos del Abarth 500.

Tiene una serie de detalles que dan un ambiente deportivo al interior, como un volante grueso tapizado con piel perforada o pedales con superficies metálicas. Algunos de estos elementos cumplen una función práctica: los asientos, que procuran buena sujeción, tienen los reposacabezas integrados (como los coches de competición); la instrumentación tiene un diodo luminoso que indica el momento óptimo para cambiar de marcha, con dos modos de funcionamiento: uno para una conducción normal, con el fin de conseguir un consumo bajo, y otro que sirve para obtener la máxima aceleración posible.

Como cualquier otro Fiat 500, el Abarth tiene un sistema de iluminación mejor de lo habitual en un utilitario: además de un buen alumbrado en luces cortas y largas, tiene luz de marcha diurna.

viernes abril 24

Salón de Frankfurt 2009

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