El BMW X3 2.0d tiene capacidad para cinco pasajeros, y aunque la altura disponible es grande, en las plazas traseras el espacio para las piernas y la anchura son escasos. También hemos echado en falta un mecanismo para poder desplazar los asientos longitudinalmente e inclinar los respaldos, como el que tienen el Toyota RAV4 o el Volkswagen Tiguan.
El maletero, con 480 l de capacidad, es lo suficientemente amplio para transportar una cantidad de equipaje normal; además, se puede ampliar hasta 1.560 l abatiendo los respaldos traseros.
La tapicería de serie es de tela (a elegir entre seis colores), teniendo como opción la de cuero.
A pesar del aspecto sobrio y del tacto de algunos interruptores, que puede hacer pensar inicialmente en un coche de inferior calidad, la falta de ruidos y vibraciones hacen que esas primera sensación cambie.
Las diferentes regulaciones del volante y los asientos hacen que la conducción sea cómoda y adecuada. Los asientos de serie son adecuados para viajes largos tanto por tamaño como por forma. Como opción, pueden tener regulación del apoyo lumbar, asientos «deportivos» o «confort» con reglaje eléctrico.
El navegador opcional incluye una pantalla que queda oculta en el salpicadero cuando no se utiliza. Está muy bien situada, porque no hay que desviar mucho la mirada para consultarla.
El sistema de botones que tiene para manejar el navegador, el equipo de audio y el ordenador resulta confuso; hemos echado en falta el mando «iDrive» que tienen gran parte de los modelos de BMW.
Si se elige la opción del cargador de seis discos, en lugar de ir integrado en el salpicadero hay que montarlo en el apoyabrazos central delantero, por lo que no queda casi espacio para guardar otros objetos.