Como cupé, salvo el ruido aerodinámico que proviene de las juntas de las ventanillas (las puertas no tienen marco), nada delata que estamos conduciendo un modelo que también es descapotable.
El ruido del motor está bien aislado y las vibraciones que llegan a los mandos son pocas y de pequeña intensidad. El motor es un seis cilindros en línea, con 2.996 cm³ e inyección indirecta de gasolina.
Las prestaciones oficiales dicen que el Z4 sDrive 30i alcanza 250 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 5,8 s. Todo ello con un consumo medio homologado de 8,5 l/100 km. Durante la prueba hemos comprobado que el consumo de esta versión es realmente bajo, sobre todo si se conduce sin brusquedades.
La unidad que hemos probado tenía el cambio automático opcional «Steptronic». Su funcionamiento es bueno en el modo automático para una conducción normal. Si se quiere sacar provecho del rendimiento del motor es preferible seleccionar las marchas manualmente (bien desde la propia palanca del cambio o bien desde los pulsadores que hay en el volante) porque el cambio, por sí sólo, no reduce de marcha lo suficiente para dar la mayor capacidad de aceleración posible a la salida de las curvas.
En carreteras lentas no se disfruta tanto como con un Porsche Boxster. Un Mazda MX-5, mucho menos potente, también puede ser más agradable en una conducción decidida, por las reacciones que tiene en las curvas.
Este Z4 me ha parecido un coche, para tratarse de un deportivo, cómodo. La suspensión no sacude con violencia a los ocupantes al pasar por juntas de dilatación en mal estado.
Al descapotarlo, se puede circular sin que el aire resulte molesto hasta unos 120 km/h. A partir de esa velocidad hay que elevar la voz para poder hablar con el pasajero.
martes junio 23
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