Cómodo y ruidoso

Este modelo de Chrysler no brilla por sus cualidades dinámicas, ya que tiene una suspensión blanda. En cambio, es un modelo interesante porque resulta confortable para hacer viajes largos. La suspensión delantera es independiente y la trasera es de eje rígido.

Por su tamaño y el tacto de la dirección, la conducción del Grand Voyager dista de la de un turismo o de monovolúmenes de menor tamaño, como por ejemplo un Ford S-Max.

Resulta molesto el ruido del motor, sobre todo cuando está frío. Además, a ralentí el motor hace que el habitáculo vibre notablemente. En marcha, el ruido y las vibraciones disminuyen pero, a partir de 120 km/h, se oyen diversos ruidos aerodinámicos, alguno de ellos bastante molesto.

El motor tiene 2,8 l de cilindrada y da 163 CV. Resulta suficiente para mover al Grand Voyager, aunque no hay que esperar de él aceleraciones fulgurantes, principalmente si va cargado con varios pasajeros.

El cambio de marchas es automático, con seis velocidades. Su programación antepone el confort a la eficacia: hace los cambios con suavidad pero con lentitud.

El Chrysler Grand Voyager 2.8 CRD alcanza una velocidad máxima de 185 km/h, acelera de 0 a 100 km/h en 12,8 s y su consumo medio homologado es de 9,3 l/100 km.

Los frenos son suficientes para un uso normal, pero dan muestras de fatiga si se les somete a un esfuerzo grande. El freno de estacionamiento es de pedal.

El alumbrado, con faros de xenón, es bueno. Los retrovisores exteriores (con plegado eléctrico) son grandes, lo que facilita la visibilidad hacia atrás. Además, puede tener una cámara trasera que muestra la imagen que capta en la pantalla del salpicadero.

jueves julio 3

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