El C-Crosser sólo puede comprarse con siete asientos dispuestos en configuración 2-3-2. Dado el poco espacio que restan los de la tercera fila cuando no se usan, que tenga los siete no es un inconveniente importante para quien no los vaya a usar, pero nos parece preferible que el comprador pueda decidir si los quiere.
Citroën se refiere al C-Crosser como un 5+2 plazas; es decir, en las dos plazas de la tercera fila hay poco espacio. Estos asientos están cerca del suelo (hay que llevar las piernas muy flexionadas) y son muy duros. Sólo nos parecen aconsejables para ocupantes que no midan más de 1,75 m, en trayectos ocasionales muy cortos; cuando no se usan se pueden plegar, quedando guardadas bajo el suelo del maletero.
El resto de las plazas son suficientemente amplias. La segunda fila de asientos está dividida en dos partes independientes (de proporciones 60/40), puede desplazarse longitudinalmente 80 mm y ajustarse la inclinación del respaldo en tres posiciones.
Con la configuración de cinco plazas y los asientos traseros adelantados, el maletero tiene un volumen de 510 l, un valor bueno. Si se desplazan completamente hacia atrás los asientos de la segunda fila, el maletero queda reducido a 441 l.
El portón se puede abrir en dos partes, una hacia arriba y una porción más pequeña hacia abajo. Esto favorece que el plano de carga del maletero esté más bien bajo (60 cm) y, además, la mitad inferior del portón puede servir para introducir objetos voluminosos o hacer las funciones de una mesita auxiliar (aguanta hasta 200 kg).
El C-Crosser no es un coche refinado porque los materiales empleados en el habitáculo son sencillos y los ajustes entre piezas podrían ser mejores; en estos aspectos no está al mismo nivel que otros modelos de Citroën.