El Citroën C4 es un coche que sobresale, respecto a otros modelos semejantes, por la comodidad que da su suspensión en casi todas las condiciones de conducción.
Incluso con los neumáticos de mayor medida que puede tener (205/50 ZR17), absorbe las irregularidades de la carretera sin transmitírselas bruscamente a los ocupantes. Además, los movimientos amplios de la carrocería están suficientemente amortiguados.
Asimismo tiene una buena estabilidad, unas reacciones seguras (sobre todo, si lleva control de estabilidad), un buen tacto de conducción, una dirección precisa y una agilidad suficiente. No obstante, un Ford Focus, un SEAT León y un Volkswagen Golf son mejores en este sentido.
Con el motor Diesel de 136 CV, el C4 tiene una respuesta buena desde un régimen bajo y sale bien desde parado. Es un motor más bien suave, que sube de régimen con fuerza hasta casi 4.500 rpm, aunque —si se trata de obtener las mejores prestaciones— no es provechoso subir el motor de 4.000 rpm.
Esta versión tiene unas prestaciones acordes a la potencia del motor y similares a las de otros modelos semejantes, como un Ford Focus 2.0 TDCI (que lleva el mismo motor).
El consumo de combustible es generalmente bajo. Circulando por autovía o carretera abierta, respetando los límites de velocidad, el consumo es de unos 6 l cada 100 km. En ciudad, el consumo puede llegar a 10 l/100 km si el tráfico es intenso.
Además, el C4 está muy bien insonorizado, sobre todo si lleva las ventanillas laminadas opcionales. Sí así es, el motor se oye claramente en el interior, pero el ruido llega muy amortiguado, por lo que no resulta molesto. Lo que sí puede llegar a molestar es el ruido del viento, cuando se conduce a una velocidad alta.
Respecto a otras versiones del C4, es más suave y silenciosa que la versión Diesel de 109 CV; además, tiene unas prestaciones mejores (acordes con la diferencia de potencia). Resulta suficiente salvo si se va a circular normalmente con mucha carga por carreteras en las que sea necesario adelantar con frecuencia.