Como coche de ciudad y alrededores cumple bien y, normalmente, no hace falta más.
Ahora bien, el Fiat 500 es un coche pequeño, no llega a 3,55 m de largo, y eso se nota en carretera abierta. En autopistas o carreteras secundarias hay que acostumbrarse a sus vivos movimientos, sobre todo si pasamos por encima de un bache al tomar una curva.
Para alternar ciudad con carretera, hay coches de tamaño ligeramente mayor, como un Twingo y en menor medida un Citroën C2 (y no más caros que el 500), que ruedan con algo más de aplomo a una velocidad alta.
El 500 tiene ciertas ventajas desde el punto de vista de la seguridad, porque todas las versiones pueden tener control de estabilidad, y eso es algo que está poco extendido en otros utilitarios de este tipo.
En carretera se puede ir a buen ritmo, siempre que se utilice el cambio de marchas con frecuencia, porque a veces es necesario llevar el motor alto de régimen para que sea preciso poco tiempo para incorporarse a un vía rápida o para adelantar a un vehículo lento.
El Fiat 500 con motor 1.2 de gasolina tiene un consumo medio homologado de sólo 5,1 l/100 km. Atendiendo a este dato es uno de los utilitarios con motor de gasolina que menos consumen, si bien –- como es habitual- es un dato difícil de reproducir en una utilización cotidiana.
El 500 1.2 no tiene las reacciones del 1.4 de 100 CV. El primero responde a la idea de utilitario agradable, el segundo está cerca de lo que suele ser un pequeño deportivo, no sólo por motor, si no porque tiene ajustes específicos en la suspensión para hacerlo efectivo en carreteras de curvas.
jueves enero 10
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