Donde se aprecia una mejora importante respecto al anterior Fiesta es en el interior: tiene materiales de calidad y ajustes sólidos. Las mejoras también afectan al puesto de conducción, en un sentido amplio. Ahora hay un buen apoyo para el pie izquierdo y un volante con doble regulación (en altura y profundidad) que hace que haya más conductores que se sientan cómodos a los mandos del Fiesta. Nada que reprochar desde el punto de vista del conductor, ni siquiera el manejo de la botonería de la consola central. En un principio esa consola parece haber sido pensada únicamente para ofrecer un diseño vanguardista más que funcionalidad, pero a poco que se use, uno se siente familiarizado con su manejo.
Los asientos pueden ser de dos tipos. Los que tienen las versiones Sport dan mayor sujeción al cuerpo que el resto y son muy buenos. Lástima que vayan necesariamente unidos a una suspensión más dura y no estén disponibles para todos los modelos.
La carrocería del Fiesta parece mucho mayor que la del anterior modelo, cuando realmente no lo es. El interior apenas se ve afectado; sigue siendo un coche amplio y bien aprovechado. Las plazas traseras del Fiesta resultan mucho más amplias que las de un SEAT Ibiza o un Peugeot 207; sin embargo, un Skoda Fabia o un Fiat Grande Punto son algo más espaciosos.
El maletero tiene 295 litros (el Fiesta al que reemplaza tenía 261 l) y su forma aprovechable favorece su utilización. Lo único mejorable es que el borde de carga es muy alto (hay que levantar mucho los objetos para meterlos en el maletero).
Todos los Fiesta tienen rueda de repuesto de medidas de emergencia, aunque opcionalmente y por un precio bajo (50€), puede llevar una rueda de la misma medida que las otras cuatro.martes diciembre 16
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