El cambio PowerShift es de seis marchas. Automáticamente es capaz de seleccionar las marchas con gran rapidez y suavidad. El conductor sólo debe pisar el acelerador lo necesario en cada momento, y el cambio de marchas -de forma casi instantánea- elige la marcha más adecuada en cada momento.
Otra cosa que hace muy bien el Focus PowerShift y que no es del todo frecuente en otros coches con un cambio automático (como el Golf DSG), es que permite maniobrar a muy baja velocidad con total suavidad y facilidad.
Dentro del buen sabor de boca que deja este cambio, hay dos inconvenientes: su consumo es mayor y sus prestaciones inferiores que la versión equivalente del Focus con cambio manual de seis marchas. Diferencia de todas formas poco importante y que, al menos muchos conductores, cederán a cambio de lo cómodo que resulta utilizar esta versión automática del Focus.
Así por ejemplo, el Focus Coupé con cambio manual de seis marchas tiene un consumo medio de 5,5 l/100 km y con cambio automático Powershift 5,8 l/100 km.
Otra pequeña deficiencia de funcionamiento es que el cambio PowerShift tiende tendencia a utilizar marchas largas (y por lo tanto inadecuadas) en situaciones en las que sería deseable cierta retención. Por ejemplo, lo hace cuando se desciende un puerto o al llegar a una curva. Para evitarlo, se puede utilizar el cambio de manera secuencial: se hace desplazando la palanca hacia un pasillo que hay a la derecha. A partir de ahí, movimientos hacia adelante restan marchas y, hacia atrás, ponen marchas más largas.
Por lo demás, el resultado dinámico del Ford Focus es muy satisfactorio por su estabilidad y por lo agradable que es su conducción, sea al ritmo que sea.
martes agosto 26
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