El motor tiene cinco cilindros en línea. Es una formación poco frecuente; la mayor parte de sus rivales lo tienen de cuatro (también en línea) y sólo algunos de seis (en uve). El resultado es satisfactorio por su enérgica respuesta en toda circunstancia y porque su embaucador sonido y tono (que va más allá de la pura discreción) pone un toque deportivo a la conducción. Es un motor de origen Volvo (entre otros lo tiene el C30 T5, pero con 220 CV).
A diferencia del motor que tienen muchos de sus competidores, el del Focus está lleno a bajo régimen. No tiene la carencia de fuerza de un Astra OPC o un Mazda3 MPS hasta 2.000 rpm (ni una patada rabiosa a partir de ese régimen). Eso hace que el Focus sea muy agradable de conducir y que sacarle partido sea fácil, aunque no se preste especial atención al cambio de marchas.
No tiene un rendimiento bueno porque incluso conduciendo con suavidad el consumo de combustible es alto. En una conducción normal por carretera no es fácil bajar de 9 l/100km (es lo que gastó para hacer una media de 120 km/h por autovía), cifras que sí consiguen rebajar con claridad alguno de sus rivales (como un Golf GTI).
Tiene una suspensión dura (pero está lejos de ser insufrible) y, junto con la escasa autonomía que puede llegar a tener en una utilización intensa, son los únicos inconvenientes claros que encuentro para usarlo diariamente.
Es apto para utilizar a ritmo rápido por carreteras de curvas; los frenos cumplen bien su cometido; tiene mucha adherencia y reacciona con seguridad. Como deportivo auténtico, creo que no llega al nivel de Golf GTI o a un SEAT León Cupra (son más ágiles y transmiten mejores sensaciones al conductor). El Focus ST se parece más bien a un Mazda3 MPS: sin estar muy especializado para un uso concreto, resulta globalmente satisfactorio.
martes octubre 21
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