Con el nuevo salpicadero, su calidad de acabado y aspecto ha mejorado claramente en comparación con el Sonata de la generación anterior. En el interior abundan superficies almohadilladas o pintadas, que dan una grata sensación a la vista y al tacto.
Dentro de este buen panorama fallan los asientos, que dan una escasa sujeción lateral, y quizá para conductores corpulentos la banqueta es algo corta. El cuero perforado de las versiones más equipadas (Style) está bien resuelto, porque evita en gran medida que se condense el sudor en la espalda.
La carrocería del Sonata tiene mucho espacio a lo ancho y a lo largo. Es uno de los más importantes argumentos de este vehículo; cuatro personas viajan con mucho espacio y un tercer ocupante en las plazas traseras no resta comodidad de forma inadmisible a los otros dos.
El maletero es amplio, tiene 523 l, y eso que la rueda de repuesto es del mismo tamaño que la otras cuatro. Sin embargo, tiene carencias más o menos importantes; así, el piso no tiene argollas para sujetar la carga, ni hay ganchos para poder colgar bolsas.
Si bien el equipamiento es relativamente completo, en la versión menos equipada (Classic) se echa en falta que pueda tener de fábrica elementos como climatizador, llantas de aleación o cargador de discos.
Algunos elementos no están disponibles en la lista de opciones de fábrica, pero se pueden montar una vez que el coche ha llegado al concesionario, como un navegador (fabricado por Pionner). El que tenía nuestra unidad de pruebas no nos ha satisfecho, porque su manejo es complicado.
martes septiembre 9
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