Hemos conducido el X-Bow en un circuito, con el asfalto mojado y seco. En esas condiciones nos ha parecido un coche sencillo de conducir a un ritmo tranquilo (no es un deportivo sólo para circuito), fácil de llevar rápidamente y exigente si se busca el límite.
No tiene sistemas de ayuda a la conducción como antibloqueo de frenos, control de tracción ni de estabilidad. Por eso, para aprovechar todo su potencial hay que realizar una conducción precisa y ser conscientes de que la electrónica no va a salir en nuestra ayuda si el X-Bow se nos va de las manos.
La tracción es en las ruedas traseras. El motor está situado en posición central trasera. Este es una variante del que usa el Grupo Volkswagen en diversos modelos (2.0 TFSI). Tiene dos litros de cilindrada, cuatro cilindros, inyección directa, turbocompresor e intercooler. Da una potencia máxima de 241 CV a 6.000 rpm.
La caja de cambios es manual, de seis relaciones. Es un cambio suave, rápido y preciso para reducir.
Acelera de 0 a 100 km/h en 3,9 s; es decir, en esta medición es sólo 0,5 s más lento que un Lamborghini Murciélago LP-640, que tiene 400 CV más. El peso del X-Bow es mucho menor (892 kg).
La suspensión es de doble triángulo, tanto en las ruedas delanteras como en las traseras, con el muelle y el amortiguador (de «WP Suspensión») colocados en posición casi horizontal y perpendiculares al eje longitudinal del coche. La dirección es de cremallera y no tiene asistencia.
Los frenos son Brembo, de 305 mm de diámetro delante y 262 mm detrás. En cada rueda trasera hay dos pinzas de freno, una de ellas para el freno de estacionamiento. Los neumáticos son de distinta medida en cada eje (205/40 R17 las delanteras y 235/40 R18 las traseras).
martes abril 28
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