Quizá no es el coche adecuado para disfrutar de una conducción rápida por puertos de montaña (eso no quiere decir que sea torpe), pero como coche para viajar por vías amplias el CLC no tiene rival: reacciona prácticamente igual que un Clase C. Tiene una magnífica estabilidad lineal y una singular suavidad de reacciones cuando ocurre un imprevisto y hay que frenar o cambiar de dirección en plena curva (o las dos cosas a la vez). Esa seguridad es el valor más importante del CLC y también de las berlinas de Mercedes-Benz en general.
Hemos probado un CLC con la opción de paquete deportivo, que incluye ruedas más anchas, suspensión más dura, una dirección diferente (denominada "Paramétrica") y otros elementos que sólo cumplen una función decorativa. Con estos elementos el CLC pierde de forma apreciable la comodidad que tiene con la configuración de serie y no gana mucho en agilidad. Por ello, consideramos que la elección más adecuada es adquirir el CLC con las ruedas y la suspensión de serie.
El CLC 220 CDI es algo ruidoso en frío y también cuando se acelera desde una velocidad reducida, a causa del motor. En carretera y a velocidad sostenida el sonido del motor casi pasa desapercibido.
Tiene 150 CV y su capacidad de aceleración no es elevada para su potencia. Lo que sí hace bien es mantener con facilidad una velocidad alta: esto es más mérito de la buena aerodinámica de la carrocería que del motor. En general, este coche está lejos -por rendimiento-, de un BMW Serie 1 ó Serie 3 con motor Diesel de potencia semejante y en menor medida de un Audi A3 (no hay ningún A5 Diesel con una potencia en el entorno de los 150 CV).
jueves noviembre 20
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