Resulta sorprendente encontrar un coche con un planteamiento tan deportivo tenga una carrocería cómoda para el día a día. Nada de posturas de conducción exageradamente bajas, de accesos exiguos y complicados al interior o de falta de visibilidad en conducción urbana.
Tiene dos plazas amplias y cómodas. Las otras dos son prácticamente inútiles para pretender llevar a pasajeros –pueden utilizarse en alguna ocasión muy puntual- aunque se pueden aprovechar para llevar equipaje (bien sujeto) y así ampliar la capacidad de carga del GT-R. Por cierto, el maletero no es pequeño -249 l- para lo que se estila en este tipo de coches, aunque su pequeña boca de carga complica el transporte de objetos voluminosos. El GT-R tiene unos neumáticos de tipo Run Flat, preparados rodar incluso pinchados (durante una distancia y a una velocidad limitadas) y que permiten prescindir de la rueda de repuesto.
Gracias a su funcional carrocería, desplazarse cotidianamente en el GT-R no plantea complicaciones. El único inconveniente en el día a día proviene del cambio de marchas automático, que impide maniobrar o comenzar la marcha con suavidad; lo normal es maniobrar con pequeños tirones.
El GT-R tiene una pantalla en el centro del salpicadero que muestra información de la aceleración lateral y longitudinal, el ángulo de giro del volante, la presión ejercida sobre el pedal del freno, la apertura de la mariposa de admisión, etc. Un montón de datos espectaculares que, sin embargo, no aportan una información valiosa al conductor.
miércoles junio 10
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