El Nissan GT-R puede acelerar tanto que en una carretera abierta al tráfico no se puede acelerar a fondo más de unos pocos segundos, si no se quieren exceder los límites de velocidad. La facilidad con la que gana velocidad es tal que el resto del tráfico parece que está parado. Puede alcanzar 310 km/h. Si se conduce con rapidez, el Nissan GT-R gasta combustible a un ritmo exagerado y los 71 l de su depósito se quedan escasos para contar con una autonomía razonable.
Además de correr mucho en recta, también lo hace en curva. Es un coche pesado, pero no lo parece por su extraordinaria agilidad para cambiar de trayectoria a voluntad del conductor, algo en lo que también tiene mucho que ver la gran adherencia de sus neumáticos (que van inflados con nitrógeno para evitar cambios importantes en su presión cuando se calientan).
Como es un coche potente y de gran adherencia, cualquier conductor puede ir a un ritmo rápido, pero hay que tener un buen nivel de conducción para aproximarse a su límite; no es que reaccione mal –más bien al contrario, es relativamente dócil para lo que es capaz de ofrecer-, sino que tiene reacciones rápidas y vivas que exigen concentración.
Sólo puede ir en combinación con un cambio de marchas automático de seis relaciones. Es de doble embrague, como el "PDK" que utiliza Porsche. Su funcionamiento es completamente satisfactorio para todo tipo de uso; es muy rápido seleccionando las marchas y casi siempre lleva el motor al régimen adecuado en cada momento. Además del programa normal de funcionamiento tiene otros dos más: "R" indicado para una utilización deportiva (los cambios se suceden con mayor rapidez) y uno "Snow" para facilitar que las arrancadas desde parado sean más suaves. Aunque su funcionamiento automático es muy satisfactorio, el conductor siempre puede elegir la marcha en la que quiere ir pulsando unas cómodas levas que hay detrás del volante.
miércoles junio 10
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