Sobre el papel, el motor Diesel de 106 CV es suficiente para que el Qashqai 1.5 dCi alcance 174 km/h, acelere de 0 a 100 km/h en 12,2 s y gaste 5,2 l/100 km. En la práctica, este motor mueve con la soltura necesaria el coche, al menos con sólo dos personas y poco equipaje.
Es un motor de funcionamiento suave y no muy ruidoso. Tampoco vibra mucho. Este motor, de origen Renault, da un resultado muy bueno en todos los coches que lo montan que hemos conducido. Va acoplado a un cambio de marchas manual de seis velocidades, con una sexta larga que permite obtener un consumo muy bajo en vías rápidas, pero que obliga a reducir de marcha con frecuencia si se necesita ganar velocidad con rapidez.
Los movimientos de carrocería del Qashqai no son tan amplios y lentos como suele ocurrir en muchos de los todoterreno ligeros. Se balancea poco en las curvas cerradas y cabecea moderadamente cuando se frena fuerte.
En carretas lentas se puede ir rápidamente porque es un coche muy fácil de llevar: no tiene reacciones extrañas que pongan en apuros al conductor. Hasta cierto punto es un coche ágil, si bien esta agilidad en las carreteras de curvas perjudica el confort en carretas amplias. Para que la carrocería se mueva poco en las curvas, Nissan ha utilizado una suspensión más bien dura y algo seca.
Por tanto, el Qashqai puede ser preferible a un Toyota Rav4 en una carretera lenta pero no en una rápida, donde es más importante una suspensión muy absorbente y una gran estabilidad lineal que la agilidad de reacciones.
Como tiene tracción delantera, aventurarse por caminos complicados no es recomendable puesto que es fácil quedarse atascado en un obstáculo. Sus ventajas frente a un turismo, como puede ser un Renault Mégane, es que la altura libre es mayor y que los neumáticos tienen mayor diámetro y perfil, lo que facilita circular por terrenos irregulares.
martes agosto 18
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