Las concesiones al estilo que tiene la carrocería del Insignia tienen su contrapartida en el interior, que no es muy espacioso. Las personas más altas deben entrar con ciertas precauciones a las plazas traseras, pues las puertas dejan un hueco relativamente pequeño. Una vez dentro, el espacio para dos adultos de 1,80 m es sólo el correcto. Un Honda Accord o un Volkswagen Passat, y sobre todo un Ford Mondeo, ofrecen un acomodo algo más generoso a sus ocupantes (no así un SEAT Exeo, si bien la longitud de su carrocería es claramente inferior a la del Opel).
A las plazas delanteras no se les puede poner pegas, ni por espacio, ni por ubicación. Más bien al contrario, la posición de conducción es muy buena, especialmente con los asientos que tienen las versiones de equipamiento Sport; tienen un relleno firme de espuma y dan gran sujeción lateral sin perjudicar el confort. Además pueden ir ventilados, lo que es definitivo en días calurosos, porque evita la acumulación del sudor en las zonas de contacto con el asiento.
El conductor del Insignia se encuentra ante una consola innecesariamente repleta de botones que requiere un cierto periodo de adaptación. Para simplificar el acceso a ciertas funciones (navegador, sistema de sonido y teléfono), en algunas versiones se puede montar un mando entre los asientos, relativamente similar al que utiliza BMW o Audi.
La calidad de acabado del Insignia es correcta, con algunas faltas –piezas con bordes afilados o plásticos de aspecto no muy sólido–, que lo sitúan a cierta distancia de las mejores berlinas de marcas que no son de lujo (como el Volkswagen Passat o Toyota Avensis).
jueves abril 2
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