Opel ha dado el hombre de «FlexRide» a un dispositivo que permite cambiar, en tres niveles, la dureza de la amortiguación, el funcionamiento del cambio de marchas automático (en caso de que el coche lo tenga) y la asistencia de la dirección. El efecto es notable, especialmente en el funcionamiento de la suspensión, permitiendo elegir entre un ajuste blando y uno duro, que da más precisión a la trayectoria.
Con el modo más blando, curiosamente, el aislamiento que proporciona la suspensión a los ocupantes cuando se circula por carreteras bacheadas no es muy grande. Aunque la amortiguación cede mucho y permite que la carrocería se mueva considerablemente, hay ciertas irregularidades que llegan con nitidez al interior, más que -por ejemplo- en un Citroën C5 (que actualmente es una de las berlinas más cómodas). Las ruedas de 18” que montaba nuestra unidad de pruebas, con neumáticos de escaso perfil, tampoco ayudan a que el resultado sea mejor.
Cuando se ajusta en el modo más duro posible se pierde mucho en comodidad, pero la ganancia en agilidad es tan importante, que el Insignia puede parecer, en una carretera sinuosa, más pequeño de lo que realmente es.
La mejor cualidad de su motor Diesel de 160 CV es que tiene un consumo bajo y una capacidad de aceleración considerable. El Insignia con cambio automático es más lento que la versión manual (y el consumo más elevado, aunque muy moderado en todo caso); a cambio da una comodidad sin igual en un uso cotidiano. El cambio automático tiene una función de manejo secuencial (dando leves pulsaciones a la palanca que hay entre los asientos) que será el agrado de aquellos conductores que puntualmente prefieran seleccionar qué marcha debe ir engranada en cada momento.
El inconveniente del Insignia con el motor Diesel de 160 CV es el ruido a típico motor Diesel que hace a baja velocidad (en carretera, con lanzamiento, es menos notable).
jueves abril 2
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