El 911 –en cualquiera de sus variantes- no es el coche apropiado para viajar por carreteras rectas y amplias. Para un uso así, es mejor casi cualquier berlina de cierta potencia.
Lo que impresiona del 911 es su capacidad para rodar a elevado ritmo por curvas lentas, pues tiene una frenada prácticamente infalible y una agilidad de reacciones sobresaliente. No sólo puede ser muy rápido entre curva y curva, sino que además obsequia los entusiastas de la conducción con unas sensaciones inigualables. A veces no todo es ir deprisa, sino que también es muy importante sentirlo. Como deportivo, el 911 tiene pocos rivales.
Sacarle partido requiere, más que en otros casos, que su conductor sea bueno, que conduzca con precisión. En carreteras rápidas, especialmente si están bacheadas, con el 911 hay que hacer constantes correcciones con el volante para ir por donde el conductor desea, tanto más cuanto mayor sea el ritmo de marcha. La conducción de su gran rival, el Audi R8, es mucho más sencilla, aunque quizá menos emocionante.
En un coche que exige tanta dedicación y precisión, es mejor llevar las dos manos bien colocadas sobre el volante para evitar cualquier imprevisto y que el cambio de marchas automático PDK haga su trabajo porque, sencillamente, lo hace mejor que casi cualquier conductor. Es extremadamente rápido, nunca falla y tiene gran facilidad para ir siempre en la marcha necesaria.
Su funcionamiento es mucho más satisfactorio que el cambio automático que tiene un Audi R8 «R-Tronic» o el BMW M6 Coupé Aut.. El PDK de Porsche tiene dos programas de funcionamiento, y opcionalmente (añadiendo el «Paquete Sport Chrono Plus») un tercero desarrollado para rodar en circuito, según el fabricante alemán.
miércoles marzo 18
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