El Panamera tiene un habitáculo espacioso, configurado para cuatro adultos. No hay posibilidad de viajar cinco personas porque sólo hay cuatro asientos. Los dos traseros están separados por una consola similar a la delantera.
Lo que más le distingue respecto a otras berlinas de unos cinco metros del longitud es que los asientos están colocados cerca del suelo y sujetan muy bien el cuerpo.
El puesto de conducción es más similar al de un turismo que al de una berlina de lujo. Las piernas van estiradas, el volante que queda alto y casi vertical, y el contorno de la carrocería es imposible de ver, hay que adivinarlo.
Como todos los modelos de Porsche, el arranque está a la izquierda del volante. No es un pulsador, como en otros coches recientes, sino que hay que introducir el mando a distancia (que tiene una forma que se asemeja a la del propio Panamera) y girarlo como una llave.
La información y la cantidad de interruptores que rodean al conductor pueden intimidar. Seis indicadores analógicos, dos pantallas en color y dos pequeñas monocromas sirven para conocer el estado del coche y manejar todas las funciones. Además, el climatizador tiene sus propias pantallas (dos si es de doble zona y cuatro si es cuádruple). En la consola, sin contar los mandos del equipo de sonido y/o navegación hay cerca de una treintena de botones (varía en función del equipamiento). Aunque la disposición es relativamente lógica, que casi todos tengan el mismo aspecto no facilita su uso intuitivo.
El maletero es profundo, razonablemente ancho y de poca altura. Tiene 445 litros de capacidad. Para ocultar el equipaje hay dos sistemas. El de serie es una cortinilla enrollable, de apariencia algo pobre. Opcionalmente hay una bandeja rígida que tiene mejor aspecto, pero que puede resultar menos funcional.
martes noviembre 17
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