El único dato del iQ que Toyota ha desvelado son las emisiones de CO2 de la versión Diesel: 100g/km; esto equivale a un consumo de combustible de 3,8 l/100 km. Aunque es un consumo bajo no representa ningún récord: un Smart fortwo cdi consume una media de 3,3 l/100 km (88 g CO2/km).
El interior es suficiente, según Toyota, para alojar a tres adultos y un niño en sus dos filas de asientos. La marca japonesa ha intentado sacar el máximo partido del volumen interior del iQ. Para ello, los respaldos de los asientos tienen un espesor reducido y el depósito de combustible, de forma aplanada, se encuentra situado bajo el asiento delantero izquierdo. El volante está rebajado en su parte inferior para facilitar los movimientos del conductor.
Las dos plazas traseras pueden abatirse independientemente y bajo las mismas hay un cajón para almacenar objetos. Estas plazas son reducidas, aunque la derecha es sensiblemente mayor que la izquierda y cuenta con un mayor espacio para las piernas. Esto es debido a que el salpicadero está recortado en el lado del acompañante delantero, lo que permite ganar algo de espacio longitudinal en el lado derecho de la cabina.
El escaso vano delantero del iQ ha obligado a replantearse algunos elementos mecánicos. El motor, dispuesto transversalmente, está situado por detrás del eje delantero junto con la caja de cambios y el diferencial, mientras que el mecanismo de la dirección se encuentra en una posición mucho más elevada de lo habitual. La unidad de calefacción y aire acondicionado ha sido reducida de tamaño sin, según Toyota, perder capacidad para calentar o enfriar el habitáculo.
lunes abril 14
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