La característica dinámica más destacable del Polo es lo fácil que resulta de conducir sea cual sea el estado de la calzada. Tiene una dirección con la asistencia justa para no ser muy sensible ni demasiado pesada y que, además, transmite con fidelidad el estado del contacto entre las ruedas y el asfalto.
En una carretera concurvas lentas basta con dirigir con el volante, ya que el Polo mantiene la trayectoria sin muchas dificultades. Además de fácil de conducir es un coche seguro, porque no tiene reacciones bruscas que puedan poner en apuros al conductor (salvo que se cometa un error muy grande al conducirlo). El control de estabilidad es de serie y su funcionamiento es correcto.
En carreteras rápidas tiene una estabilidad lineal grande y da la sensación de que se está conduciendo un coche de mayor tamaño.
La suspensión absorbe bien la mayoría de las irregularidades de la calzada, excepto aquellas que agitan con mucha rapidez las ruedas. Opcionalmente se puede montar una suspensión más firme, que rebaja la altura del coche 1,5 cm, y que no hemos podido probar todavía.
Los neumáticos de serie con el motor 1.6 TDI de 75 CV son de medidas 175/70 R14 (con el equipamiento «Advance» o 185/60 R15 (con el «Sport»). Opcionalmente puede tenerlos de otros tamaños, como los que llevaban las dos unidades que hemos conducido (195/55 R15 y 215/45 R16).
Esta versión del Polo alcanza una velocidad punta de 170 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 14 segundos. El consumo medio homologado es 4,1 l/100 km.
Este motor no nos ha parecido el más adecuado para ciudad, porque si bien al iniciar la marcha recorre el primer metro con agilidad, de pronto el motor tiene mucho menos empuje del que uno espera y parece que le cuesta mucho mover el coche. En carretera puede quedarse algo justo de fuerza en función de la utilización que se le vaya a dar.
martes octubre 6
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