Conducir un Tiguan por carretera difiere poco de hacerlo con un turismo. Los cambios de dirección los hace con rapidez y la estabilidad es grande para un coche de su altura. La suspensión es de lo mejor que hemos probado en este tipo de vehículos, por el equilibrio que tiene entre la estabilidad y el confort que proporciona.
Fuera del asfalto, el Tiguan puede ser una interesante alternativa si se va a circular por pistas no muy complicadas o por terrenos con poca adherencia, porque su mayor altura libre al suelo respecto a un turismo y el buen funcionamiento del sistema de tracción total lo hacen apropiado para este tipo de terrenos.
El tacto de la dirección es bueno, tanto por la asistencia como por la información que aporta. En cambio, el tacto de la palanca de cambios es mejorable: sus recorridos nos han parecido más imprecisos que los de otros modelos de Volkswagen.
El motor de gasolina de 150 CV es una variante del 1.4 TSI de 140 CV que tiene el Golf. Como aquél, el del Tiguan tiene un sistema de sobrealimentación por compresor y turbocompresor.
Volkswagen ha homologado una velocidad máxima de 192 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en 9,6 s. El consumo medio es 8,4 l/100 km; en la práctica, es dificil conseguir un consumo así de bajo.
Repecto al Tiguan Diesel, el de gasolina es más silencioso y suave pero, contrariamente a lo que sucede habitualmente, no es más agradable de conducir por ciudad. Esto es debido a que tiene muy poca fuerza en el momento de iniciar la marcha y a que, en algunas ocasiones, responde con ciertos tirones salvo que se acelere con mucha suavidad.