Es un coche fácil de conducir porque sus reacciones son previsibles y en ningún caso resultan bruscas.
La suspensión, a pesar de que es más blanda que dura, contiene bastante bien los movimientos de balanceo de la carrocería, por lo que no perjudica el confort. En este sentido me parece mejor que un Fiat Stilo 1.9 Multijet pero no tanto como un Ford Focus 2.0 TDCI.
En carreteras lentas entra bien en curva y una vez que estamos apoyados en ella, permite modificar algo la trayectoria. En este tipo de carreteras, está a un nivel parecido al de un Citroën C4 p o un Volkswagen Golf.
No me ha parecido excesivamente subvirador aunque cuando eso ocurre el control de estabilidad, llamado VDC por Alfa Romeo, se encarga de controlar la situación (dentro de un límite). Este sistema no es desconectable, pudiéndose desactivar únicamente el control de tracción mediante un pulsador.
En circunstancias normales es difícil hacer que el eje trasero deslice; esto le resta algo de agilidad en curvas muy lentas pero le da mucho aplomo en maniobras rápidas a alta velocidad, como por ejemplo cuando se hace una maniobra de esquive.
La unidad que hemos probado llevaba la opción de llanta de 17”, con unos neumáticos Michelin Sport 215/45 R17. La adherencia en seco de estos neumáticos me ha parecido muy buena. La versión «Progresión» lleva llanta de 15” y la «Distinctive» de 16”.
La dirección resulta muy asistida a velocidades altas, con lo que hay que realizar pequeñas correcciones para mantener la trayectoria. Cuando se circula por carreteras que tienen el firme en muy mal estado, se notan impactos muy fuertes en el volante. Esto sucedía también en el Alfa 147 anterior. El radio de giro es 5,75 m, algo más amplio de lo normal.