Un motor muy suave y silencioso
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El motor 2,7 l de 180 CV tiene un funcionamiento algo diferente al de otros turbodiésel. Quien espere la forma de funcionar característica de los motores Diesel con turbocompresor le puede resultar decepcionante por cómo entrega la potencia: parece que sus prestaciones no corresponden a las de un coche de su potencia, aunque sí lo sean.
En cambio, quien prefiera el tacto característico de los motores de gasolina, se puede sentir a gusto con este motor. No hay otro motor Diesel con turbo más parecido a uno de gasolina atmosférico al conducirlo. El empuje momentáneo, más o menos fuerte, que tienen los motores turboalimentados no aparece en éste.
Por como va, es muy diferente al 3.0 TDI; en nada se puede percibir que son dos motores que comparten muchos elementos. La forma de dar la fuerza es muy distinta en cada caso, aunque ambos son suaves y silenciosos.
Las prestaciones son buenas si tenemos en cuenta el peso del coche. Hay una diferencia con relación a berlinas más potentes, como el A6 3.0 TDI, el BMW 530d, el Mercedes E 320 CDI o el Jaguar S-Type 2.7 D. Por carretera, esa diferencia es mínima. Sólo a quien circule habitualmente por carreteras en las que hay que adelantar con frecuencia, o lleve el coche muy cargado, puede interesarle el modelo más potente.
El consumo en un recorrido con carretera y ciudad, con una conducción suave, ha sido 9,9 l/100; es decir, en esas condiciones gasta prácticamente lo mismo que el TDI 3.0. El consumo máximo por carretera de montaña ha sido 15,4 l/100 km, una cantidad normal para este tipo de coche en ese recorrido y algo menos de lo que gastó la versión 3.0 quattro.
Las prestaciones que ha homologado Audi para esta versión son 225 km/h de velocidad máxima, 8,3 s en pasar de 0 a 100 km/h y un consumo medio de 7,0 l/100 km.
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