Un motor con gran reserva de potencia.
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El nuevo motor del Audi A8 tiene un rendimiento muy bueno. Transmite una gran sensación de fuerza y empuje en cualquier circunstancia. En una toma de contacto por carreteras de Alemania, sorprende el poder de aceleración por encima de 200 km/h y hasta la velocidad máxima. Eso nos hace predecir, que de no estar limitado, podría alcanzar bastante más velocidad.
En conducción por carreteras de un solo carril por sentido de circulación y con tráfico que obliga a adelantar para mantener el ritmo del viaje, el A8 se muestra ágil y efectivo, realiza la maniobra de adelantamiento con una rapidez sorprendente en un vehículo de dos toneladas de peso.
La sensación al conducirlo es la de llevar un coche con una gran reserva de potencia y aceleración en cualquier régimen y en cualquier circunstancia. La gestión del cambio automático lleva al motor lo más bajo posible de vueltas siempre que sea viable, lo que hace disminuir el consumo. En caso de una necesidad inmediata de potencia, que implique una reducción de marcha, como es usual en cualquier cambio automático con convertidor hidráulico, se puede notar un mínimo retraso (despreciable para la mayoría de los conductores). Los conductores que encuentren retraso no tienen más remedio que anticipar la aceleración, usando el accionamiento manual del cambio automático.
El motor es muy suave, silencioso y no presenta vibraciones. Se nota que es Diesel por su tacto en frío y por el modo característico de entrega de potencia de los motores Diesel. Sería complicado encontrar un conductor normal se queje de ruido elevado.
Con las llantas y la suspensión de serie es un coche cómodo. Montando neumáticos mayores y la suspensión deportiva opcional, conseguiremos mejorar el comportamiento dinámico del A8, haciendo de él un coche con unas reacciones muy ágiles en conducción rápida por carreteras lentas. Mejorar el comportamiento de esta forma penaliza la comodidad en terreno irregular.
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