Muy seguro por carretera
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La unidad que hemos probado tenía la suspensión de muelles helicoidales. Con ella el Q7 va algo duro, por lo que transmite al interior aquellas irregularidades que hacen trabajar con rapidez a la amortiguación.
Por carreteras lentas sorprende lo poco que se balancea y lo bien que sigue la trayectoria que se le marca con el volante. En este aspecto es preferible a la mayoría de vehículos con carrocería de todo terreno e incluso que a algún turismo de gran tamaño.
En ciudad, los carriles de algunas calles le quedan pequeños y muchos garajes son de acceso o maniobrabilidad imposible. Para facilitar su manejo Audi ofrece un asistente de aparcamiento con cámara trasera e indicaciones en pantalla. Cuesta 1.530 € y nos parece muy útil, no por las indicaciones sino por la seguridad y comodidad que aporta durante las maniobras marcha atrás.
Si bien por asfalto resulta un todo terreno ejemplar, fuera de él las cosas cambian. Su tamaño, el elevado peso, un sistema de tracción poco eficaz (no tiene diferenciales bloqueables, es el control de estabilidad el encargado de frenar una rueda si patina) y una suspensión con poco recorrido impiden un funcionamiento eficaz en terrenos abruptos.
Además, los neumáticos de medida 275/45 montados en unas llantas de 20" que llevaba nuestra unidad no facilitaban nada la tracción en terrenos muy rotos o de baja adherencia. Audi ofrece opcionalmente unos neumáticos un poco más acordes para ese uso: 235/60 R18. El Q7 va mucho mejor por pistas, tanto más cuanto menos irregular es el firme.
El control de estabilidad funciona muy bien: sólo actúa cuando es necesario y en su justa medida. No es desconectable, pero tiene un modo de funcionamiento fuera de carretera que retrasa un poco su actuación y es capaz de detectar si desliza durante un descenso a baja velocidad, frenando en ese caso de forma automática el coche.
Los frenos detienen el Q7 en pocos metros y la resistencia a la fatiga es buena.
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