Fácil de conducir y muy estable
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El nuevo Audi TT es un coche fácil de conducir porque es muy estable y sigue con facilidad la trayectoria que se le marca con el volante. La suspensión de serie es dura, lo que le resta confort.
Opcionalmente, puede llevar una amortiguación variable mediante fluido electroviscoso. Esta suspensón tiene dos programas de funcionamiento, uno normal y otro deportivo. Con el primero es, por lo menos, igual de duro que con la suspensión de serie. Con el segundo, que se selecciona con un pulsador que hay junto a la palanca del cambio, se vuelve muy duro y sólo es utilizable en carreteras con el asfalto perfecto o en circuito.
El sistema de tracción es diferente según el motor. De este modo, el 2.0 TFSI es un tracción delantera. El 3,2 l de 250 CV es un tracción total conectable automáticamente mediante un embrague Haldex (en los Audi de motor longitudinal las ruedas delanteras y traseras están engranadas permanentemente mediante un Torsen; el TT tiene motor transversal).
Todas las versiones tienen control de estabilidad desconectable. Como sucede en los BMW, al pulsar una vez el botón se desactiva el control de tracción; si se mantiene pulsado más rato también se anula el de estabilidad. Su funcionamiento es bueno y no resulta muy intrusivo.
Los frenos tienen buen tacto y una capacidad de deceleración satisfactoria. Durante una bajada muy prologada, en la que los sometimos a un trato muy exigente, acabaron dando síntomas de fatiga aunque se recuperaron con rapidez.
Audi ha considerado necesario colocar un pequeño alerón trasero que se despliega desde el portón a partir de 120 km/h y se repliega por debajo de 80 km/h; también se puede subir o bajar pulsando un botón.
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