Mejor por carretera que fuera de ella
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El Captiva es un coche seguro, por estabilidad y por las reacciones que tiene. Tiene una suspensión blanda —que puede ser seca en algunos baches— y un balanceo de carrocería similar al de otros vehículos de este tipo.
Tiene un confort de suspensión aceptable, pero no está a la altura de otros todo terreno más sofisticados con suspensión neumática, como un Volkswagen Touareg, ni es tan cómodo como otros que no la tienen, como el Hyundai Santa Fe o el nuevo Honda CR-V.
Tiene un sistema de tracción total conectable automáticamente, con un control electromagnético que determina el grado de arrastre de las ruedas traseras. En condiciones normales funciona como un tracción delantera; si las ruedas delanteras patinan, las traseras pueden impulsar al coche.
Las principales limitaciones del Captiva fuera de carretera son la poca altura sobre el suelo, un recorrido de suspensión escaso (comparado con el de un verdadero todo terreno) y que el sistema de tracción no tiene ningún tipo de bloqueo.
Donde mejor va es por pistas sin grandes baches, aunque el terreno esté en muy mal estado, porque la suspensión absorbe con eficacia las irregularidades. El control de estabilidad permite un pequeño deslizamiento antes de actuar, lo que a algunas personas les puede parecer divertido y a otras inconveniente.
El Captiva no tiene reductora y su motor turbodiésel tiene poca fuerza a bajo régimen. Normalmente, ambas cosas limitan las posibilidades en el campo. El nuestro tenía cambio automático con convertidor de par hidráulico, que además de facilitar la conducción en zonas complicadas (basta con acelerar o frenar), atenúa en cierta medida los inconvenientes anteriores.
Para descender por pendientes muy pronunciadas se puede utilizar el sistema de control de descenso. Para ello, hay que pulsar su interruptor (está sobre la radio) y circular a menos de 50 km/h. Cuando la situación lo requiera, este dispositivo se encarga de frenar automáticamente el coche para que no supere 7 km/h.
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