Un coche caracterizado por un interior estrecho
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Los plásticos interiores del salpicadero, consola central y puertas del nuevo Chevrolet Matiz son de tacto duro y calidad suficiente; tienen un buen tacto y ajuste, no se observan bordes cortantes o uniones imprecisas. En este sentido, hay una mejora notable sobre el anterior Matiz.
En el centro del salpicadero se encuentran el velocímetro, el indicador del nivel de combustible y el cuentavueltas; el fondo de los relojes es de diferente color (puede ser azul, verde o naranja) según el color exterior. Tras el volante (que no es regulable ni en altura ni en profundidad) se encuentran los indicadores luminosos de intermitencia, luces o cinturón de seguridad no abrochado.
El espacio interior del Matiz es muy justo, incluso para cuatro pasajeros. Es un coche estrecho, hay muy poco espacio para los pasajeros delanteros (rozarán con facilidad sus rodillas contra las puertas o la consola central). Detrás es apto para tres niños o dos adultos de dimensiones normales, si son altos rozarán su cabeza con el techo. Realizar un viaje largo con tres adultos atrás resultaría muy pesado.
La respuesta al acelerador de ambos motores es buena, no es necesario subir hasta un régimen alto para que el Matiz se desenvuelva con cierta agilidad. Usando la parte baja y media del cuentavueltas la sonoridad es buena; tampoco se escuchan ruidos aerodinámicos molestos.
Si necesitamos potencia no queda más remedio que reducir y obligar al motor a subir de régimen. En estas condiciones el motor sí es ruidoso. La caja de cambios tiene recorridos largos, pero las marchas entran bien.
La conducción del Matiz está marcada por un acusado balanceo de la carrocería en curvas y por una adherencia lateral algo mala. El principal factor de ello son unas ruedas de serie muy pequeñas, 155/65 R13.
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