Es espacioso en las plazas delanteras. En general tiene un aspecto sencillo y agradable.
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Las plazas delanteras del Citroën C1 son espaciosas, incluso para personas altas.
La anchura a la altura de los hombros es mayor que en un Chevrolet Matiz o un Fiat Panda. En el C1 los ocupantes de las plazas delanteras no se molestan entre sí (salvo si son muy corpulentos) y tampoco viajan excesivamente cerca de las puertas, algo relativamente frecuente en coches así de pequeños.
El volante sólo tiene regulación en altura. Hay quien echará en falta que tenga regulación en profundidad para poder conseguir una postura al volante más confortable. Con todo, el fallo más importante del puesto de conducción son los asientos. Tienen un relleno de espuma blando y dan una sujeción lateral insuficiente, algo que se aprecia en ciudad y en carretera. Estos asientos tienen los reposacabezas integrados en el respaldo (no tienen posibilidad de regulación) y quedan lejos de las cabezas de los ocupantes delanteros.
En las plazas delanteras hay muchos huecos de distinto tamaño donde depositar objetos. Ninguno tiene tapa, ni siquiera la guantera. Faltan algunos detalles, como por ejemplo luces de lectura o un botón en el salpicadero para bloquear las puertas. Tampoco tiene asideros en el techo para ninguna de las plazas.
En las plazas traseras el espacio para las piernas es algo menor que en un Fiat Panda o en un KIA Picanto. La altura es suficiente. Las plazas traseras tienen algunos de los inconvenientes de las plazas delanteras: los asientos son blandos, dan poca sujeción lateral y los reposacabezas quedan lejos. Dado su tamaño, las puertas traseras dejan un acceso razonablemente bueno.
El interior es sencillo, pero el acabado da una sensación positiva. Todos los plásticos son duros y parecen bien terminados, porque no hay piezas mal cortadas o mal encajadas. Hay algunos detalles que tienen peor aspecto que el resto, como los mandos de la climatización.
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