Cómodo, estable y algo ruidoso

El Bravo es un coche fácil de conducir, muy estable y que no reacciona con brusquedad ante en un error de conducción o una situación de emergencia. Es, quizás, algo más cómodo que un SEAT Leon o un Volkswagen Golf, aunque los movimientos de la carrocería son ligeramente mayores. Un Toyota Auris es más cómodo pero no tiene un paso por curva más rápido que el Stilo.

En cierto modo, las reacciones del Bravo recuerdan al anterior Stilo, pero hay cosas que han mejorado: la dirección sigue estando muy asistida pero deja sentir mejor el contacto con la carretera. La suspensión es algo blanda al principio del recorrido pero el movimiento de balanceo y cabeceo de la carrocería está mejor contenido.

La tracción sobre firme en buen estado es buena; hemos conducido el Bravo por el recorrido habitual de pruebas y el control de tracción apenas ha entrado en funcionamiento. Sobre firme muy bacheado y conduciendo a un ritmo rápido, la dirección trasmite golpes secos al volante que son muy molestos pero que no afectan a la trayectoria (esto sucede en otros modelos de Fiat y Alfa Romeo).

El motor Diesel de 150 CV mueve con facilidad al Bravo. En ningún momento da la sensación de ser un coche lento o falto de respuesta: tiene mucha fuerza en la zona media del régimen y sube, manteniendo el empuje, hasta pasadas 4.500 rpm para llegar hasta casi 5.000 rpm. A ralentí no hay casi vibraciones ni en el volante ni en la palanca de cambio. En el interior no se oye el escape y apenas el turbo, pero sí llega ruido mecánico, sobre todo si se apura el motor.

El consumo, en las condiciones que lo hemos probado, me ha parecido contenido. Todos los motores tienen un intervalo de mantenimiento de 30.000 km o un año.

jueves mayo 10

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