No es rápido pero sí estable y cómodo
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Esta versión del Fiesta es cómoda de suspensión en todo tipo de vías. Es también un coche muy estable, aunque tenga una tendencia al balanceo algo mayor que ciertos modelos de enfoque más bien deportivo. Quien valore estas cualidades y no busque en particular un coche que gire plano o con una suspensión muy blanda, encontrará que esta versión del Fiesta puede ser muy satisfactoria.
La suspensión no es tan cómoda como la de un Clio, pero tiene una capacidad buena para absorber las irregularidades sin transmitir movimientos secos o rápidos a los ocupantes.
Esta versión tiene un inconveniente y es que no puede llevar control de estabilidad ni opcionalmente. Aunque es un coche estable y seguro, lo sería aún más con ese dispositivo. Por sus reacciones es preferible para viajar a un Toyota Yaris.
El motor de gasolina de 80 CV es agradable de utilizar por su elasticidad y porque tiene un funcionamiento suave y relativamente silencioso.
Esto es lo más favorable del motor, porque las prestaciones y el consumo no son de las mejores. Con este motor el Fiesta alcanza una velocidad máxima de 166 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 13,2 s. En general, estos datos son ligeramente peores que las de otros utilitarios de similar potencia.
El consumo tampoco no es bajo: en autovía, a una media de 130 km/h, ha gastado casi 9 l/100 km. Para hacer esa media, ha sido necesario utilizar la cuarta velocidad en algunos repechos o para acelerar tras ser frenado por el tráfico. Un Fiat Grande Punto de 75 CV, durante un recorrido casi idéntico, tuvo un consumo de unos 7,5 l/100 km.
Los frenos, de disco delante y tambor detrás, me han parecido suficientes y han aguantado bien un uso intenso durante la bajada prolongada de un puerto de montaña.
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