Equilibrio entre confort y deportividad
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La relación entre estabilidad y confort de este Focus ST está muy bien conseguida para un uso por todo tipo de carreteras. Es fácil de conducir, se desenvuelve con cierta agilidad en las carreteras lentas y tiene buena estabilidad lineal en las rápidas.
La suspensión contiene los movimientos verticales de la carrocería con mucha rapidez, pero da un nivel de comodidad muy aceptable para el planteamiento del coche. A diferencia de otros deportivos, con el Focus se pueden hacer viajes largos sin que la suspensión sea un factor importante en el cansancio.
La dirección tiene un tacto mejorable. No transmite tanta información como puede hacerlo la del Volkswagen Golf. Desde el menú de configuración del coche se puede seleccionar tres modos de asistencia: «Estándar», «confortable» y «deportiva»; la diferencia entre unas y otras no me ha parecido muy grande.
Cuando el firme está bacheado o es irregular, hay que prestar más atención al volante porque las ruedas tratan de seguir los defectos de la calzada. Los neumáticos eran unos Continental SportContact2 225/45 R18 92W.
Es un coche más bien poco maniobrable porque el diámetro de giro entre bordillos es 11,7 m, cuando el resto de los Focus (con caja de cinco o de seis marchas) lo tienen de 10,7 m. La dirección es un 8 % más rápida que la del resto de los Focus y tiene 2,4 vueltas de tope a tope.
También hemos probado el Focus ST en circuito. En esas circunstancias se echa de menos la ayuda de un autoblocante a la salida de los giros más cerrados cuando se conduce con el control de estabilidad desconectado.
En carretera, si el conductor es fino, es muy difícil que pierda tracción, salvo que se acelere descuidadamente a la salida de los giros más cerrados.
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