Amplio y con un acabado normal
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El Focus, en cualquiera de sus variantes de carrocería (tres, cuatro, cinco puertas o familiar), es uno de los mejores de su tamaño por la anchura interior disponible.
La carrocería familiar ofrece respecto a las demás mayor altura hasta el techo y prácticamente el mismo espacio para las piernas.
Los asientos delanteros son buenos porque tienen un relleno lo suficientemente firme para no cansar tras muchos kilómetros y porque sujetan convenientemente el cuerpo en zonas con curvas. El tipo de tejido utilizado hace que cojan mucha suciedad.
El volante es regulable en altura y profundidad; las regulaciones son lo suficientemente amplias para que personas de diversa talla y complexión puedan encontrarse cómodas al volante. El aro, tapizado con cuero, tiene un grosor acertado y unos pequeños resaltes ergonómicos sobre los brazos horizontales; tiene cuatro radios con una superficie de aspecto metálico que en algunas situaciones, según el ángulo de incidencia de la luz del sol, producen reflejos molestos.
Las plazas traseras tienen una achura que permite acomodar a tres adultos, pero el relleno de la plaza central es excesivamente duro y resulta molesto, por lo que esa plaza se puede utilizar únicamente en trayectos no muy largos.
Los plásticos utilizados son normales aunque el de la parte superior del salpicadero es algo mejor. Los ajustes entre piezas de este Focus eran peores que los de las unidades que habíamos probado hasta ahora: un Opel Astra o un Renault Megane están mejor rematados.
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