En carretera, el Honda CR-V tiene unas reacciones cercanas a la de un turismo, con poco balanceo de carrocería y una respuesta al volante relativamente rápida. Tiene el subviraje característico de este tipo de coches, que no llevan los mismos neumáticos que un turismo.
Quien se pueda sentir incómodo por la sensación de pesadez de un todo terreno, aunque sea de este tipo, posiblemente acepte al CR-V antes que a otros modelos. El puesto de conducción es también semejante al de un turismo, por relación de distancias entre volante, asiento y pedales, aunque con una altura sobre el suelo mayor, que eleva un poco la perspectiva de la carretera.El sistema de transmisión es funcionalmente semejante al de la segunda generación del CR-V (que no era muy distinto del que tenía la primera), pero está mejorado. Es un sistema completamente hidráulico, no tiene ningún tipo de control electrónico y resulta menos efectivo que otros sistemas por el retraso que tiene hasta que empieza a actuar. El control de estabilidad (y tracción) es de los que no entra en funcionamiento con mucha anticipación ni interrumpe excesivamente el avance, por lo que no me parece necesario (ni conveniente) desconectarlo en ningún momento (hay un interruptor en el salpicadero para ello).Hay varias características que hacen al CR-V menos apropiado para circular fuera de carretera que otros modelos: no tiene mucho recorrido de suspensión, la altura libre sobre el suelo es más bien escasa (185 mm), la transmisión no permite ninguna intervención para mejorar la tracción (reductora, bloqueos o programas específicos de funcionamiento) y tiene unas cotas de todo terreno que lo limitan. De serie, las ruedas tienen llantas de 17", pero con neumáticos a los que no les falta perfil (225/65); opcionalmente puede llevar llantas de 18" (en nuestro caso, con unas Dunlop ST30 Grandtrek 225/60).jueves mayo 17
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