Mejor por carretera que por campo
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El Compass se desenvuelve satisfactoriamente por carretera una vez que el conductor se adapta a los amplios movimientos de la carrocería, similares a los que hay en otros todo terreno, y a la dirección, que está muy asistida.
No es tan preciso como el Toyota RAV4, por ejemplo, pero permite circular rápidamente con seguridad, gracias al buen funcionamiento del control de estabilidad que tiene, además, un programa específico para evitar el vuelco. A pesar de su aspecto campero, el Compass tiene mejores reacciones en carretera que el Dodge Caliber.
Fuera de carretera el sistema de tracción total conectable automáticamente desempeña correctamente su labor. Lo que limita el avance del Compass en el campo es una suspensión con recorridos muy cortos, unos neumáticos de poco perfil pensados para el asfalto, la ausencia de una reductora y unos ángulos característicos (principalmente el de ataque) poco favorables.
Hemos conducido el Compass con los dos motores disponibles, el Diesel de 140 CV y el gasolina de 170 CV.
El Diesel va acoplado exclusivamente a una caja de cambios manual de seis relaciones. La fuerza que tiene este motor (de origen Volkswagen), unido a los desarrollos cortos de la caja de cambios, favorecen las recuperaciones en marchas largas. La relación entre prestaciones y consumo es buena.
El motor vibra poco pero no está convenientemente aislado acústicamente, por lo que el ruido llega al habitáculo con mayor intensidad que en otros todo terreno Diesel, como un KIA Sportage o un Honda CR-V.
También hemos conducido brevemente la versión de gasolina con cambio automático, que es claramente mejor que el Diesel en ruido y vibraciones. El conductor puede intervenir en el cambio mediante un mando secuencial, con el que puede escoger entre seis relaciones fijas. La más larga de ellas no es tan larga como el desarrollo final que tiene en modo automático.
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