Poco apropiado para viajar

El Wrangler es un coche rudo en un sentido amplio. En su interior hay pocas concesiones al confort: el Wrangler es ruidoso, incómodo de suspensión y poco ergonómico. Por ejemplo, no hay un apoyo para el pie izquierdo del conductor, la palanca del cambio de marchas no resulta cómoda de accionar y los espejos retrovisores hay que ajustarlos apretando con los dedos directamente sobre su cristal (no hay mandos en las puertas). El las plazas traseras el panorama no es mejor; no tanto por espacio, sino por el acceso y la calidad de los asientos.

Ahora bien, el Wrangler es un coche para disfrutar de otra manera. Sin el techo, sin las puertas y hasta con el parabrisas abatido hacia adelante el contacto con el entorno es muy grande. En esta configuración quedan a la vista las barras antivuelco que protegen a los ocupantes en caso de vuelco. Las versiones «Sahara» y «Rubicon» tienen de serie una tapicería que se ensucia con menos facilidad y que es más fácil de limpiar de lo habitual.

El techo puede ser de tela (sólo para la versión menos equipada, «Sport») o de tres porciones de plástico desmontables independientemente. Para desnudar la carrocería hay que tener un sitio para guardar lo que se desmonte (dentro del Wrangler no hay ningún sitio previsto) y ayuda para desmontar algunas piezas (como la parte que cierra la carrocería por detrás y por los laterales, y las dos puertas, que son pesadas).

miércoles mayo 23

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