El interior transmite una grata sensación
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El interior está recubierto de plásticos duros de diversas tonalidades. Todas las piezas de plástico que recubren el interior ajustan bien entre sí y no presentan fallos evidentes de acabado. La versión más equipada tiene el volante y el pomo del cambio de marchas forrado en piel.
Los mandos que tiene que manejar el conductor quedan accesibles y son fáciles de manejar. Los asientos delanteros son blandos y no sujetan muy bien el cuerpo en las curvas. Por lo demás, la posición al volante es satisfactoria; aunque el volante carece de regulación en profundidad (sólo tiene en altura) en el Rio no se echa mucho en falta esta carencia.
La carrocería es funcional: tiene parte de los paragolpes de color negro (disimulan bien las rozaduras de aparcamiento) y también hay bandas de plástico negro en las puertas.
El coche tiene buenos detalles como los asideros con muelles de silicona, dos tomas de corriente en el salpicadero, dos plafones de iluminación, así como espejos de cortesía para conductor y acompañante. Tiene fijaciones Isofix en las dos plazas laterales traseras.
El interior está bien provisto de huecos. Entre los asientos hay tres huecos: uno de ellos está accesible para los pasajeros de las plazas traseras; los otros dos sirven para colocar ciertos envases de bebida o un cenicero móvil. Algunos huecos tienen un fondo de goma que es muy útil para evitar que se desplacen los objetos ahí depositados.
El Rio con carrocería de 5p tiene un volumen de maletero de 270 l, que es parecido al que tiene un SEAT Ibiza (267 l). La versión de cuatro puertas tiene un maletero de 390 l.
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