Si bien por carretera no es de los más ágiles, el Freelander 2 sí es un todo terreno cómodo y seguro. A pesar de ello, no resulta un coche torpe y obedece satisfactoriamente a los movimientos del volante.
En campo, tan sólo le falta la reductora para ser un auténtico todo terreno, porque tanto la suspensión como el sistema de tracción desempeñan satisfactoriamente su cometido.Por pistas en mal estado, la capacidad de absorción de la suspensión es muy grande. En arena, el Freelander superó sin muchos problemas zonas de dunas. Parte del buen funcionamiento sobre esta superficie se debe a la gestión que hace el sistema «Terrain Response». Este dispositivo (de serie en todas las versiones excepto en la menos equipada), es un mando que permite seleccionar el tipo de superficie sobre la que se está circulando. Al hacerlo, una centralita gestiona de forma automática los controles electrónicos del coche relacionados con la conducción (el motor, los controles de tracción y estabilidad y del cambio automático si lo lleva).En zonas trialeras únicamente se echa de menos una reductora, al menos con la combinación de motor y cambio con la que lo hemos probado (Diesel y manual).Tiene un dispositivo que controla la velocidad mediante los frenos, al descender pendientes muy pronunciadas (Land Rover lo llama «HDC»). El motor Diesel es un cuatro cilindros de 2,2 l de cilindrada que da 160 CV, semejante al que lleva el Peugeot 407 de 170 CV, pero con un único turbocompresor. Es un motor agradable de conducir por ciudad ya que, salvo cuando está muy frío, es poco ruidoso. Además, sale bien desde parado. Las prestaciones que hemos medido son casi semejantes a las de todo terrenos de unos 30 CV menos. El consumo es algo más elevado: alcanza medias de unos 10 l/100 km a poco más de 130 km/h. En parte es debido a su elevado peso, casi 1.900 kg (un Suzuki Grand Vitara 5p 1.9 DDiS pesa 1.660 kg).martes abril 3
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