Destaca por la anchura y la terminación
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El habitáculo del Freelander saca provecho de las dimensiones externas (4,50 m de largo, 1,91 m de ancho y 1,74 m de alto).
Destaca por la anchura disponible, mayor que la de cualquiera de sus alternativas. La altura es suficiente para personas de algo más de 1,90 m, aunque el espacio para las piernas no es tan generoso como en otros todo terreno de su tamaño.
El puesto de conducción es el característico en un todo terreno. El asiento está alto respecto al suelo y al piso del coche, por lo que se va sentado en una posición algo diferente a un turismo (las piernas quedan más verticales).
Las plazas traseras están más elevadas que las delanteras, para que sus ocupantes tengan mejor visión de la carretera. Estos asientos no pueden desplazarse longitudinalmente, como sí sucede en el Toyota RAV4.
El maletero tiene formas regulares pero no es tan capaz como el de otros todo terreno de su tamaño, al menos hasta la cortinilla que lo cubre. Bajo el piso hay un hueco con la rueda de repuesto y con espacio para guardar los triángulos de emergencia y algunas herramientas útiles si se va a utilizar el coche fuera del asfalto (una eslinga, por ejemplo).
El interior transmite una grata sensación de calidad. Por su diseño y la ubicación de los mandos, el salpicadero recuerda al del Range Rover Sport. Los materiales presentan buen aspecto y los ajustes, en general, son correctos.
La visibilidad es buena, gracias a una posición de conducción elevada y al generoso tamaño de los retrovisores exteriores.
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