Consumo elevado y prestaciones discretas
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El motor de 390 CV es un «V8» de gasolina y 4,2 l con compresor. Es similar al que llevan algunos modelos de Jaguar.
Según Land Rover, con él, el Range Rover Sport alcanza 225 km/h (velocidad limitada electrónicamente) y acelera de 0 a 100 km/h en 7,6 s.
A la hora de conducirlo puede que alguien se sienta decepcionado porque el Range Rover Sport 4.2 V8 Supercharged no da la sensación de ser lo rápido que se podría esperar en un coche con un motor de casi 400 CV. Ello se debe en parte al peso, 2.572 kg.
El sonido del motor es espectacular, al igual que el consumo. Es normal que éste se encuentre por encima de los 20 l/100 km si se hace algo de ciudad. Si se apuran las posibilidades del motor es posible duplicar el consumo anterior. Por carretera, a ritmo tranquilo y velocidad legal es posible bajar hasta cerca de 14 l/100 km.
El cambio de marchas es automático de seis velocidades con dos programas: «normal» y «sport». El manejo y funcionamiento de la caja nos ha parecido bueno, aunque es algo lento a la hora de reducir.
El modo «sport» se activa desplazando la palanca a la izquierda y permite usar el cambio de forma secuencial. Los cambios, en esta posición, se realizan más tarde que en el modo normal y el cambio retiene la marcha cuando lo considera necesario.
En el modo secuencial la caja memoriza el número de «toques» que le hemos dado a la palanca y sigue nuestras instrucciones en cuanto le es posible.
Hay que tener cuidado al maniobrar en espacios pequeños, sobre todo si acabamos de poner en marcha el motor y el régimen de ralentí está un poco más alto de lo normal: una ligera presión sobre el pedal del acelerador puede hacer que el coche se mueva bruscamente y golpeemos contra un obstáculo cercano. Esto no es un defecto en sí, pero requiere acostumbrarse y tener cierta precaución.
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