La imagen prima sobre la funcionalidad
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El Qashqai tiene el motor situado transversalmente en el vano delantero. Puede elegirse entre dos motores de gasolina y dos Diesel. Los de gasolina son un 1,6 l de 114 CV y un 2,0 l de 140 CV, ambos son de aluminio y tienen distribución variable. La caja de cambios manual tiene cinco velocidades en el 1,6 l o seis en el 2,0 l. Este motor también puede combinarse con un cambio automático de variador.
Los motores Diesel proceden de Renault, que es socio de Nissan. El más pequeño tiene 1,5 l de cilindrada y 106 CV de potencia, el mayor es un 2,0 l de 150 CV. El consumo medio es de 5,4 y 6,6 l cada cien kilómetros, respectivamente, para las versiones de tracción delantera. El motor Diesel de 150 CV es silencioso y suave en ciudad y carretera, salvo que se apuren las marchas. Tiene una sexta velocidad bastante larga, que permite circular rápidamente a un régimen moderado.
El comportamiento en carretera es correcto pero no tan bueno como un turismo convencional debido a la mayor altura de la carrocería y a unos neumáticos de perfil más alto de lo habitual, que no proporcionan mucho agarre lateral. La suspensión es cómoda sin ser excesivamente blanda. La dirección tiene bastante asistencia pero su tacto es agradable.
Sólo las versiones de 2,0 l (gasolina o Diesel) pueden tener tracción a las cuatro ruedas. El sistema es similar al del Nissan X-Trail. La tracción a las ruedas posteriores se conecta automáticamente por medio de un embrague situado en la transmisión. La mayor parte del tiempo se comporta igual que un tracción delantera, salvo que existan condiciones de baja adherencia. Existe la posibilidad de conectar manualmente la tracción total para circular por zonas complicadas. No obstante, las versiones 4x4 cuestan 2.900 € más que las equivalentes de tracción delantera, por lo que conviene pensar bien si se necesita la tracción total, que además supone un gasto extra de combustible.
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