Homologado para cuatro ocupantes
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El habitáculo del 1007 es mucho más estrecho de lo habitual en las plazas traseras; de hecho, están homologadas para sólo dos pasajeros.
Delante no hay problemas de espacio para dos personas. El volante tiene regulación vertical y horizontal; está forrado de cuero y tiene una forma y tacto muy agradable. Si lleva el programador de velocidad (200 €), los mandos van en él.
El asiento trasero se puede desplazar longitudinalmente 23 cm y está dividido en dos mitades. Los respaldos se pueden colocar con dos inclinaciones para ganar más espacio (poco) en el maletero.
La altura disponible en las plazas traseras es suficiente, incluso para personas altas (salvo con la opción del techo corredizo). El espacio longitudinal es algo escaso, aunque los asientos traseros estén completamente atrasados.
El maletero es pequeño, principalmente porque tiene poco fondo. La anchura es buena y también es muy alto. Está iluminado, tiene cuatro argollas para fijar una red y unas cintas de nailon con cierres. La bandeja que lo cubre y sus anclajes son de poca calidad.
Con los asientos traseros adelantados, parte del maletero queda al descubierto. Este inconveniente se palia en cierta medida con los cristales traseros, que están oscurecidos.
El interior tiene buen aspecto. Los ajustes entre piezas son correctos y el plástico utilizado, aunque es duro, tiene un acabado superficial que causa buena sensación visual.
Hay 18 piezas decorativas del interior que se pueden sustituir. El usuario dispone de 12 combinaciones posibles que puede comprar en cualquier momento (230 €) y reemplazar en unos quince minutos sin usar herramientas. Peugeot llama a este sistema «Cameleo».
El pomo del cambio de marchas y los pedales (que tienen tacos de goma para que no resbale la suela) son de aluminio.
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