Estable y con un motor agradable
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El motor Diesel de 106 CV, comprado con otros Diesel de su cilindrada, es agradable y tiene una respuesta buena. En carretera permite circular con fluidez y en ciudad no es de los más incómodos por la fuerza que tiene a régimen muy bajo.
Cuando se busca la máxima aceleración no es tan contundente como el 1,9 l del grupo Volkswagen de 101 CV. Llega bien hasta 4.500 rpm, pero no tiene mucho sentido apurar el motor más allá de 4.000 rpm.
La caja de cambios de seis relaciones es cómoda de manejar. Aunque la palanca es más bien larga, deja cambiar con rapidez.
El Clio tiene una estabilidad muy buena y es un coche muy fácil de conducir. De hecho, comparte elementos con el Nissan Micra, que es uno de los coches más estables de entre los de su tamaño (si no el que más).
La suspensión no parece ni dura ni blanda, algo que es bueno. No parece dura porque el coche es cómodo en todos los sentidos, su carrocería no tiene movimientos demasiado amplios y no transmite bruscamente los pequeños baches. No parece blanda, porque el balanceo y el cabeceo están muy bien contenidos, y porque el inicio del giro es franco, no se nota en exceso la compresión en la rueda delantera exterior.
El tacto de la dirección impide sentir con claridad lo que sucede bajo las ruedas. Tiene un inicio de recorrido con una ligera imprecisión, como si el motor eléctrico que hace la asistencia no hiciera fuerza uniformemente. No ocurre tanto como en el Mégane, pero sigue siendo apreciable.
Los neumáticos de serie son de medida 195/50 montados en una llanta de 16 pulgadas. El volante gira 2,8 vueltas entre topes y el diámetro de giro (entre paredes) es 11,3 m.
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