Suavidad y potencia
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Con el Laguna dCi de 150 CV hay poca diferencia entre viajar a 80 o a 120 km/h o más. Ni el ruido del motor molesta más, ni el ruido aerodinámico crece mucho cuando se va deprisa. Aunque cada vez es más habitual encontrar coches silenciosos, cabe destacar que el Laguna está tan aislado acústicamente como las mejores berlinas. Todavía se puede ir un poco más allá en aislamiento acústico, instalando los cristales laterales laminados, pero no vemos la necesidad.
La suspensión del nuevo Laguna es más dura que la del anterior, lo que favorece la estabilidad en ciertas circunstancias y puede perjudicar el confort en otras. Por ejemplo, los típicos cambios de asfalto o juntas de dilatación de las autopistas no pasan ni mucho menos desapercibidas a los ocupantes.
A cambio el Laguna va bien por todo tipo de carreteras, pero puestos a afinar, todavía le falta ese tacto sólido de dirección que distingue a las mejores berlinas (todas más caras que el Laguna), sobre todo cuando el firme es irregular.
El motor de 150 CV de potencia es uno de los mejores Diesel que actualmente hay a la venta. Lo tiene casi todo, tiene un funcionamiento muy agradable, proporciona unas prestaciones notables y apenas hace ruido. No gasta especialmente poco comparado con los Diesel más frugales, pero su consumo tampoco es una razón para rechazarlo. En autopista, a una media de 125 km/h gastó 7,0 l/100 km.
El Laguna dCi de 150 CV es una alternativa interesante dentro de la gama, aunque quizá para un buen número de circunstancias el menos potente, de 130 CV, es más que suficiente.
Se puede elegir con cambio manual o automático. El manual funciona bien y es el típico cambio de Renault, con un tacto algo esponjoso, pero es rápido y es difícil fallar a la hora de introducir las marchas. Para quien no encuentre especial placer en cambiar de marcha es interesante la caja automática, porque su funcionamiento es muy bueno; es rápida y selecciona una u otra marcha con mucha suavidad.
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