Rápido, pero más cómodo que deportivo
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La principal característica del motor de seis cilindros turboalimentado que lleva este 9-3 es la suavidad de funcionamiento que tiene en todo momento. Puede dar un empuje casi constante entre 2.500 y 4.500 rpm, aunque incluso por debajo de este rango de revoluciones el turbo carga con rapidez y el incremento de empuje se produce de una manera muy progresiva. De hecho, se puede circular en sexta a menos de 1.500 rpm y acelerar sin que el motor dé tirones.
Con este motor, el 9-3 Sport Hatch Aero alcanza 245 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 6,9 s. El consumo medio homologado es 10,4 l/100km. Los valores de recuperación son buenos, a pesar de que el coche tiene desarrollos de transmisión muy largos. Es raro encontrar una sexta velocidad de más de 50 km/h en un coche de gasolina con la que, además, este modelo no llega a su régimen de potencia máxima.
Es un coche con una estabilidad elevada. La suspensión, si bien no se puede decir que sea blanda, permite que la carrocería tenga ciertos movimientos de balanceo que no se encuentran en otros coches de enfoque similar. Un BMW 330i me parece preferible si se va a circular por carreteras lentas a un ritmo alto porque la carrocería se mueve menos; en cambio, en vías rápidas como puede ser una autovía o autopista, el Saab es más cómodo.
No se pueden poner reproches al funcionamiento del control de tracción: en carreteras muy lentas es realmente difícil salir de curvas muy cerradas más rápido con él desconectado, ya que actúa lo justo para evitar que se pierda fuerza por la rueda interior. Cuando no está conectado hay que dosificar con mucho tacto el acelerador para evitar que eso suceda.
Hemos conducido el coche con las ruedas opcionales de 18 pulgadas y con las de serie de 17, en ambos casos con neumáticos Pirelli P Zero Rosso; con éstos, el agarre en curva es muy bueno, tanto en seco como en mojado.
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