Muy estable y un buen motor Diesel
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El SEAT León es un coche particularmente estable. Por sus reacciones y tacto de conducción se adapta muy bien a una conducción rápida. Es de esos coches donde hay una relación directa entre las acciones del conductor y la respuesta del coche, de los que dejan sentir los apoyos y de los que reaccionan con fidelidad a las indicaciones del volante.
Es ágil por cómo ser desenvuelve en carreteras retorcidas y da una sensación de coche ligero y manejable claramente mayor que, por ejemplo, un Peugeot 307.
Hay dos tipos de suspensión posibles: la que tienen de serie las versiones «Reference» y «Stylance» y la deportiva (más dura), que tienen de serie las versiones «Sport» y «Sport-up». Incluso con la suspensión más blanda, el León va más firme que un Volkswagen Golf, un Alfa 147 o un Fiat Stilo. No es incómoda, aunque ciertas irregularidades se aprecian más en el interior que en otros coches.
La suspensión deportiva sólo es recomendable para quien conceda más importancia a la estabilidad que al confort. Todas las versiones tienen neumáticos 205/55 R16 (con llanta de chapa en la versión «Reference»), salvo el «Sport-up» que tiene neumáticos de medidas 225/45 con llanta de 17 pulgadas.
El control de estabilidad es opcional en las dos versiones más baratas. Sólo con este elemento se alcanza el mejor nivel posible de seguridad activa.
El SEAT León con este motor va corto de desarrollos, es decir, alcanza la velocidad máxima (205 km/h) por encima del régimen de potencia máxima (que es 4.000 rpm).
Con estos desarrollos, la reserva de aceleración en marchas largas es muy buena. A pesar de que el motor gira relativamente alto de vueltas (comparado con lo habitual en coches turbodiesel de seis velocidades) el ruido que llega al interior no es elevado, aunque el consumo de combustible puede ser algo mayor en ciertas circunstancias (por ejemplo, a alta velocidad por carreteras despejadas).
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