Un motor áspero y ruidoso

El Grand Vitara es un coche que transmite confianza a quien lo conduce porque pisa bien en todo tipo de carretera y sus reacciones son progresivas y seguras. La firmeza de su suspensión lo hace un poco más incómodo que coches como el Honda CR-V o el Toyota RAV4.

En cualquier caso, el Grand Vitara sigue con cierta precisión las instrucciones que le damos con el volante y los pedales: entra bien en curva y no se descoloca demasiado al decelerar bruscamente cuando está apoyado.

El tacto de la dirección es bueno, ligeramente duro y transmite mucha más información que la de modelos como el Opel Antara o el SsangYong Rexton II. La asistencia es de tipo eléctrico. En las ocasiones en las que hay que manotear el volante con mucha rapidez se endurece mucho (parece que se queda sin asistencia).

Los frenos, de disco delante y tambor detrás, son mejorables por tacto del pedal (la parte inicial del recorrido del mismo casi no es efectiva) y porque se calientan con facilidad si se les somete a un trato algo exigente. Las distancias de frenada son similares a las de otros modelos semejantes.

El motor Diesel de 129 CV es de origen Renault. Tiene 1,9 l de cilindrada y da 300 Nm de par máximo. Es un motor de funcionamiento mejorable por suavidad y ruido. Al acelerar le cuesta subir de vueltas, da la sensación de que tiene que hacer un gran esfuerzo para conseguir ganar velocidad de giro.

En un recorrido mixto por ciudad, carreteras de montaña, pistas forestales y autovía, conduciendo con normalidad, el consumo fue 9,8 l/100 km, un valor que se aproxima al que se puede considerar como medio.

La caja de cambios es manual de cinco relaciones; el manejo es el característico de un todo terreno: recorridos largos y tacto duro.

martes enero 2

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